jueves, 31 de diciembre de 2009

FiN De AñO

Mirar en retrospectiva, realizar balances, sopesar y permitir contagiarnos de la sensibilidad del ambiente son sintomas indiscutibles del fin de año. Lo que nos lleva a replantear, formular propositos y emprender nuevas actividades. Este año al igual que los anteriores fue de constante aprendizaje, no tan convulsionado como sus antecesores, sin duda alguna reinó la tranquilidad... Tranquilidad producto del ser conciente, de la estabilidad, de la madurez que llega gradualmente, del ver como queda rezagada la niña que da paso a la mujer... a la mujer sinonimo de compromiso y responsabilidad. Este año lo miro satisfactoriamente, al conjunto de cosas significativas que trajo consigo se suma tu presencia en mi vida, la dicha que produce el que hagas parte de ella. El 2010 lo espero con optimismo, con Fé, el pronostico es bueno, tiene que serlo si un ser humano como tu hace parte de mi escenario. Te amo y espero estar a tu lado los proximos doces meses para continuar brindandote este amor que ha alcanzado proporciones inimaginables.

MoJaNDoLo ToDo

Hermosa, erotica... Nuestra!!!

viernes, 30 de noviembre de 2007

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Me encantan las manifestaciones de afecto, la intensidad, las llamadas frecuentes, los detalles, las atenciones y demás. Disfruto sobremanera todas estas manifestaciones que son usuales en los primeros momentos de las relaciones y hacen parte del proceso que se conoce como enamoramiento. Sin embargo resulta difícil establecer parámetros que determinen lo sano y lo patológico pues en cuanto a relaciones se refiere la linea que los divide es bastante difusa. Por ejemplo, en que medida podrían considerarse sano los celos obsesivos, el afán de posesión, el control sobre el otro, la perdida de la intimidad, la absorción total hasta el punto que el resto del mundo deja de existir perdiéndose todo interés en actividades relacionadas con la familia, los amigos, etc y si estas se presentan no se vivencian a plenitud pues todos los pensamientos y deseos se concentran en esa única persona que ahora es el mundo, siendo generadora de ansiedad cualquier separacion, por ejemplo existen personas que permanecen alienadas a un teléfono móvil el tiempo en el que no se encuentran con su amado o amada, es increíble pero el celular se vuelve una prolongacion de ellos mismos, llamadas, mensajes y todos los recursos posibles que les permitan saciar esa aterradora necesidad del otro que termina siendo mas un síntoma de sus carencias que de su amor. Los amigos se convierten en incondicionales receptores de su corin tellado, esto es tolerable y hasta comprensible, lo fatal es cuando estos mismos amigos se convierten en una sala de espera, es decir actividades extras para llenar el espacio en el que no se esta con la otra mitad.
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No solo pasan el mayor tiempo posible juntos sino que también se sueñan, el tiempo de ocio es remplazado por fantasía, se vuelven increíblemente monotematicos, los planes y proyecciones a futuro incluyen al ser amado pues cualquier acción sin el carece de sentido. Se pierde la individualidad, la autonomía, el yo y usando al amor como excusa se cae en una dependencia emocional corrosiva y patológica.
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Es importante aclarar que no estoy en contra de experimentar maripositas, ni de ser intenso e incluso de volverse monotematico pues quien no halla incurrido en las anteriores faltas que tire la primera piedra. Simplemente hago un llamado a la mesura, a la cordura, a los limites. Las anteriores acciones son entendibles siempre y cuando no se pierda la individualidad pues como ya sabemos lo excesos son perjudiciales e incluso el exceso de amor es perjudicial para la salud.

jueves, 8 de noviembre de 2007

DRaMaTiCoS FiNaLeS

Detesto finalizar relaciones, usualmente es un proceso difícil que implica la elaboración de duelos para alguna de las partes o para ambas y detesto aun más cuando soy yo quien decide finalizarlas. Por lo general se obtiene una serie de reacciones que solo pueden ser calificadas de cursis, ridículas, patéticas, denigrantes, etc. Por ejemplo, quien no ha escuchado el para nada original “no puedo vivir sin ti, mi vida no tiene sentido” o “si esto se termina no me vuelvo a enamorar” ni que decir de las reacciones totalmente opuestas… “eres de lo peor, una terrible persona” y como olvidar las canciones de tipo “mariposa traicionera” y demás manifestaciones de ira y dolor. La lista es interminable y muy variada pues no solo se dicen sino también se ejecutan acciones que bueno juzguen por ustedes mismos… hace unos días el ex de una amiga le reporto el celular que le había obsequiado, como robado al enterarse que esta se casaría. Ni que decir de las personas que acostumbran a devolver los detalles y las cartas que se intercambiaron en el transcurso de la relación.
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Detesto los ruegos, las suplicas, las frases de cajón, las llamadas a altas horas de la noche usando el alcohol como excusa y todos esos clichés que son el común denominador en cualquier desenlace. Pero bueno como al que no quiere sopa le dan dos tazas he contado con la mala fortuna de tropezarme con parejas cursis, lloronas y pataletosas.
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RECOMENDACIONES PARA LLORONES (AS) Y PATALETOSOS(AS)
Nadie se muere de amor.
Nadie es indispensable.
Las lágrimas de cocodrilo ya no funcionan.
Conserven un poco de dignidad.
Caramelito repetido no llena cartilla.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Silvio Rodriguez - Oleo de una mujer con sombrero

"Los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan alli. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar"
QUE BARBARO!! Sencillamente hermoso!

martes, 16 de octubre de 2007

De La InFiDeLiDaD...

No haré una apología o una critica del tema. Aunque me sentiría tentada ante la primera opción pues mis argumentos saldrían en defensa de esta cuestión tan polémica, sin embargo no ha sido ese el objeto del presente escrito.
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Suelo disfrutar sobremanera el tiempo que con mis amigos destino a dilucidar la existencia de una infidelidad. Los momentos de frecuentes especulaciones, hipótesis, planteamiento de preguntas capciosas, análisis de inconsistencias en el discurso, entre otros, son algunos de los recursos a los que apelamos para la resolución de esta atractiva tarea. Mi amigo(a) de turno próximo a hacer este descubrimiento ha recorrido las etapas usuales en estos procesos que de manera arbitraria he clasificado así:
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1. Sensación de cambio, "rareza" y desinterés. Caracterizada por la disminución de los detalles y de las acciones que se ejecutaban con frecuencia.
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2. Negación. Se trata de justificar de las maneras mas absurdas e inverosímiles posibles los cambios mencionados en la fase anterior.
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3. Conciencia parcial o sospechas. Los recursos utilizados en la fase dos han empezados a ser insuficientes y el afectado (en términos coloquiales "cabrón o cabrona") empieza a atar cabos y a percatarse de reales y tangibles inconsistencias, el síntoma característico de esta fase es el descubrimiento de las primeras mentiras. Aquí los amigos juegan un papel fundamental pues marcan la diferencia entre que el afectado sea visto como un celopata paranoico o por el contrario como un novio(a) suspicaz.
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4. Labor de inteligencia. Empiezan los artilugios y estrategias para develar el engaño. Esta etapa es fundamental para el desenlace de los hechos pues la sagacidad e inteligencia del afectado serán fundamentales para obtener pruebas contundentes o en su defecto la confesión. Es importante resaltar que las armas de las que pueden valerse van desde meras cuestiones tácticas y practicas hasta sutilizas psiquicas que podrían originar culpa o malestar.
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5. Desenlace. Con las pruebas o la ausencia de estas el afectado se encontrara ante la encrucijada de finalizar la difícil situación o por el contrario "hacerse el de la vista gorda" y soportar la pesada carga.
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Espero que la anterior descripción halla bastado para ilustrar un poco el proceso característico de las infidelidades. Aunque, como toda secuencia en etapas, estas no se presentan necesariamente en el oren mencionado. El involucrado puede fluctuar entre una fase y otra.
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Mi amigo (a) en cuestión se encuentra experimentando "la conciencia parcial o sospecha". Mi fase favorita, por supuesto cuando no soy yo quien la vive. Pero desafortunadamente mi gusto por descubrir mediante artilugios no se encuentra suficientemente satisfecho. Pues los infieles (o "cachones") por lo general suelen ser bastantes obvios y convierten la labor de inteligencia en un juego de niños. Esto podría explicarse por un desinterés o escasa importancia de que se descubra la infidelidad, por un sentimiento latente de culpa que se manifiesta en determinados comportamientos o simple torpeza.
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Espero que la próxima pareja del amigo(a) en cuestión nos genere un poco mas de dificultad y la labor se convierta en un verdadero duelo de intelectos. La infidelidad es todo un arte así que seamos excelentes artistas.

lunes, 15 de octubre de 2007

Wislawa Szymborska: Discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura, 1996

Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase... Pues ya la dije... Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.
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El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta -como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico ``escritor'' o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía -ya suena mucho más serio.
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No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como ``parásito'', por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta... Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo ``poeta''; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.
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En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.
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Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores. Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado. Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro -desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.
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El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada_ ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?
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He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.
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Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo ``no lo sé''.
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La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y está situación constituye una de las más penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.
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Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.
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En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí ``saben''. Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida. En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.
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Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ``no sé''. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho ``no sé'', las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho ``no sé'', probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose ``no sé'' y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.
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También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente ``no sé''. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas ``La Obra''.
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A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: ``Nada hay nuevo bajo el sol'', has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás ``ya he escrito todo, no tengo nada que añadir''. Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como Tú.
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El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.
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Pero en la expresión ``asombroso'' se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.
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De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como ``la vida común'', ``los acontecimientos comunes''... Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
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Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo.