
mi cuerpo, venadita.
¡yo que envidio el relámpago nocturno de
tus cejas,
tus manos como anillos,
la voz india,
y tu cuello altanero de mestiza.
A ti que te dio Dios todo a montones,
Incluido el dolor y ante todo el dolor
Yo te daría,
Si fuera Dios, un cofre con huesitos de plata mexicana
Y un pie de oro. Y limpiaría, con mi mano eterna
Las llagas de tu alma, venadita.
Te pediría a cambio todo el amor que
Te sobro en el cuerpo,
Y un retrato vibrante de colores.
.
Piedad Bonnett


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