jueves, 13 de septiembre de 2007

RELIGION Y PSICOANALISIS


Son tres los principales textos donde Freud aborda de una manera muy extensa el asunto de la religión, Tótem y Tabú, el malestar de la cultura y el porvenir de una ilusión. En los que plantea que para la humanidad y en particular para el individuo la vida es difícil de soportar pues este debe enfrentarse a la supremacía de la naturaleza, a la caducidad del propio cuerpo y a a la insuficiencia de la sociedad para regular las relaciones humanas. Para soportarlos requiere de cierto tipo de lenitivos como son las distracciones poderosas que hacen parecer pequeña nuestra miseria, satisfacciones sustitutivas que la reducen y narcóticos que nos tornan insensible a ella. Una de las formas mas eficaces para afrontar el sufrimiento es la religión pues esta no solo explica con envidiable integridad los enigmas de este mundo sino que también recompensa en una existencia ultraterrena las privaciones de esta, además la religión ha prestado grandes servicios a la civilización humana y ha contribuido, aunque no lo suficiente a dominar los instintos asociales.
.
Pero, ¿en que se fundamenta la aceptación de los principios religiosos? Son tres los pilares que los sostienen: debemos aceptarlos porque nuestros antepasados, los creyeron ciertos; se nos aducirá la existencia de pruebas que nos han sido transmitidas por generaciones anteriores y esta prohibido plantear interrogación alguna sobre la credibilidad de tales principios. El motivo de esta última prohibición no puede ser sino que la misma sociedad conoce muy bien el escaso fundamento de las exigencias que plantea con respecto a sus teorías religiosas. Así pues, emprenderemos con extrema desconfianza el examen de las otras dos pruebas. Debemos creer porque nuestros antepasados creyeron pero estos antepasados eran muchos mas ignorantes que nosotros. Creyeron cosas que nos es imposible aceptar. Es por tanto muy posible que suceda lo mismo con las doctrinas religiosas. Las pruebas que nos han transmitido aparecen incluidas en escritos faltos de toda garantía contradictorios y falseados. De poco sirve que se atribuya a su texto literal o solamente a su contenido la categoría de revelación divina, pues tal afirmación es ya por si misma una parte de aquellas doctrinas, cuya credibilidad se trata de investigar y ningún principio puede demostrarse a si mismo.

.
Aunque es cierto que la religión ha prestado grandes servicios a la civilización humana, y ha contribuido, aunque no lo bastante a dominar los instintos asociales. También es cierto que ha tenido tiempo de demostrar su eficacia y podemos observar que una inmensa multitud de individuos se muestra descontento dentro de la civilización y se sienten desdichados dentro de ella, considerándola como un yugo del que anhelan libertarse. Seria insensato querer desarraigar de pronto y violentamente la religión. Sobre todo, porque seria inútil. El creyente no se deja despojar de su fe con argumentos ni con prohibiciones y si ello se consiguiera en algún caso seria una crueldad. Un individuo habituado a los narcóticos no podría dormir si le privamos de ellos. Esta comparación de los consuelos religiosos con el poder de un narcótico puede apoyarse en una curiosa tendencia actualmente emprendida en Norteamérica. En este país se esta procurando sustraer al individuo todos los medios de estimulo, embriaguez y placer, saturándolo, en cambio, de temor de Dios, a modo de compensación.

.
Freud plantea que contrario a lo que podría pensarse el hombre puede prescindir del consuelo de la ilusión religiosa quizás no sea el caso del hombre a quien desde niño han instilado tan dulce – o agridulce- veneno pero el educado en la abstinencia, el que no habiendo contraído la general neurosis religiosa, es muy probable que no precise tiempo de intoxicación alguno para adormecerle. Desde luego su situación será más difícil. Tendrá que reconocer su impotencia y su infinita pequeñez y no podrá considerarse ya como el centro de la creación, ni creerse amorosamente guardado por una providencia religiosa. Se hallara como el niño que ha abandonado el hogar paterno, en el cual se sentía seguro y dichoso. Pero ¿no es también cierto que el infantilismo ha de ser vencido y superado? El hombre no puede permanecer eternamente niño; tiene que salir algún día a la vida, a la dura “vida enemiga”. Esta seria la educación para la realidad. El único propósito de estos postulados es señalar la necesidad de tal progreso. La conciencia de que solo habremos de contar con nuestras propias fuerzas nos enseña, por lo menos, a emplearlas con acierto.

No hay comentarios: